
Zona central de la Vía Láctea (foto: Pixabay)
En las noches del verano del hemisferio norte, desde cualquier ubicación suficientemente oscura podremos apreciar una banda luminosa con apariencia de nubosidad blanquecina que recorre el cielo de parte a parte. Si estuviéramos en un lugar medianamente afectado por la contaminación lumínica, muchas personas podrían llegar a pensar que esa banda no es más que una nube corriente, de forma alargada. Y si la contaminación lumínica es importante, probablemente ni siquiera podremos apreciarla en el cielo, como por desgracia ya ocurre en muchos lugares. Por el contrario, si tenemos la suerte de disfrutar de su visibilidad durante diferentes noches llegaremos a la conclusión de que lejos de comportarse como una nube de nuestra propia atmósfera, esta banda siempre tiene el mismo aspecto y además ha de tratarse sin duda de un fenómeno de cielo profundo (es decir, muy alejado de nuestro sistema solar), ya que su posición entre las estrellas siempre es la misma y se traslada junto a ellas en el movimiento aparente de la bóveda celeste en su conjunto. Por dicho motivo, podríamos imaginarla como un “camino” marcado de forma fija en el cielo y que siempre atraviesa las mismas constelaciones.

El origen de la Vía Láctea (Tintoretto, 1575)
Esta banda luminosa recibe el nombre de Vía Láctea debido al mencionado aspecto blanquecino (lechoso) que tiene. Y precisamente la interpretación de su existencia en el cielo que nos ofrece la mitología tiene que ver con la leche ya que, según el mito griego, se trata de la que se derramó del pecho de Hera cuando de forma violenta ella separó a un Hércules aún bebé, hijo ilegítimo de Zeus, al que mientras ella dormía el dios había puesto a amamantar del pecho de Hera, con el natural enfado de esta al despertar.
Para otras culturas, este camino celestial ha sido interpretado de diversas maneras. Las leyendas chinas nos hablan de las estrellas Zhi Nu (Vega) y Niu Lang (Altair), que representan a dos amantes separados por un río de plata. Los quechuas del Perú andino observan en sus manchas oscuras todo tipo de animales de su zona. Los pueblos escandinavos, el “camino de los pájaros” (migración norte sur) o el que recorren las almas de los muertos en su camino al más allá. En la edad media europea se conoció como el “camino de las estrellas” que indicaba la ruta hacia la tumba del apóstol Santiago (Via Sancti Jacobi), y que aún hoy conocemos popularmente como el Camino de Santiago.
Fue Galileo Galilei el primero que, al dirigir hacia ella su telescopio en 1610, describió la Vía Láctea como un conjunto de innumerables estrellas, tan lejanas que nuestra vista no alcanza a distinguir individualmente ninguna de ellas, pero tan numerosas que la débil luz de cada una de ellas, sumada a la del resto, se percibe como una franja luminosa.

Mapa de Herschel de la Vía Láctea, 1785. (Foto: IGN)
Posteriormente, William Herschel en la década de 1780 y contando con sus poderosos telescopios, los mejores de la época, fue capaz de deducir un mapa tridimensional aproximado de la galaxia por el método de medir densidad de estrellas por unidad de superficie del cielo visible. Falló al situar a nuestro Sol demasiado cerca del centro galáctico, pero acertó en la configuración aplanada de la Galaxia, siendo el primero en observarla.

Mapa de Shapley (1917), con la ubicación de 93 cúmulos globulares y el mapa de Herschel sobrepuesto.
Ya en pleno siglo XX, en el año 1917, el astrónomo estadounidense Harlow Shapley identificó las distancias a las que se encontraban un total de 93 cúmulos globulares y halló que se distribuían en un volumen aproximadamente esférico, por lo que dedujo acertadamente que el centro de esa esfera sería el centro de la galaxia misma. Esto le permitió situar también al Sol con mayor precisión en el interior de la Vía Láctea.
Hoy sabemos que esa acumulación de estrellas se debe a que estamos viendo la parte más densa de nuestra galaxia, a la que por extensión también denominamos Vía Láctea. Nuestra galaxia tiene forma de disco aplastado, con brazos espirales que rodean su centro.

NASA: la posición del Sol en el Brazo de Orión de nuestra galaxia (la Vía Láctea) hace que notemos mucha más densidad de estrellas si miramos hacia el centro de ésta que si miramos hacia su borde exterior.
Nuestro sistema solar se encuentra dentro de ese disco y por ello cuando dirigimos la vista hacia el centro de la galaxia apreciamos una enorme densidad de estrellas, aunque muy lejanas (la Tierra dista unos 25.000 años- luz del centro galáctico). Incluso cuando miramos en sentido contrario, hacia el borde exterior de nuestra galaxia, también apreciamos la luminosidad causada por la acumulación de estrellas en el disco, aunque con mucha menor intensidad que la que encontramos hacia el centro. También seguimos viendo estrellas en cualquier dirección en la que miremos, aunque sea en perpendicular al disco. Ello se debe tanto a la perspectiva causada porque esas estrellas son mucho más cercanas, como al hecho de que el propio disco tiene un grosor de unos 100 años- luz y por lo tanto realmente hay estrellas en todas direcciones.
Por esa razón, en la esfera celeste la banda de la Vía Láctea es un círculo, aunque más brillante en la zona del centro galáctico, que recae detrás de la constelación de Sagitario. La Vía Láctea se extiende tanto por el hemisferio norte celeste como por el sur, al que pertenece Sagitario. Por ello para los habitantes del hemisferio norte el centro galáctico nunca sube mucho sobre el horizonte, siendo las noches de los meses veraniegos las más apropiadas para divisar esa zona de la Vía. Sin embargo, otras partes no tan brillantes como la que atraviesa el asterismo del Triángulo del Verano alcanzan en nuestras latitudes alturas cercanas al cenit.

Mapa de las constelaciones de los hemisferios norte y sur celestes. La línea roja es la eclíptica y la acumulación de puntos de color azul claro (cúmulos abiertos) nos marca la franja por la que discurre la Vía Láctea por ambos hemisferios. El centro galáctico (marcado con una “X” roja) se sitúa a unos 30° de latitud Sur.

Stellarium: en el verano del hemisferio norte, se observa el centro galáctico de la Vía Láctea entre las líneas de las constelaciones de Sagitario y Escorpio, y recorriendo hacia el Este las de Escudo, Águila, Sagitta, Zorrilla, Cisne, Lagarto y Casiopea.







