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Mitología y constelaciones

Hace 25 o 30 siglos la humanidad veía reflejadas en el cielo muchas más cosas que las que vemos nosotros ahora cuando miramos de noche hacia arriba.

Loggia di Psiche

Loggia di Psiche, 1518-19, fresco de Rafael, representando el concilio de los dioses (Wikipedia)

 

Equivalencia entre los nombres de los dioses

Equivalencia entre los nombres de los dioses griegos y romanos

Hace 25 o 30 siglos la humanidad veía reflejadas en el cielo muchas más cosas que las que vemos nosotros ahora cuando miramos de noche hacia arriba. En aquel entonces encontraban en la bóveda celeste las historias y creencias de su cultura, que se transmitían de generación en generación. Historias míticas, leyendas sobre seres sobrenaturales que tenían como protagonistas a sus múltiples dioses, héroes o semidioses y animales fantásticos que hoy diríamos de ciencia ficción.

 

En esas historias había de todo: amores prohibidos, nacimientos, muertes violentas, premios y castigos, hechos en definitiva que sería fácil recordar simplemente mirando al cielo.

En el mundo clásico, los romanos habían adoptado y adaptado por completo la mitología griega. En muchos casos tenían un dios parecido, o bien simplemente se limitaban a cambiar el nombre del equivalente griego.

Marte, dios romano de la Guerra

Marte, dios romano de la Guerra, equivalente a Ares en el Olimpo griego

 

 

Por un lado, los dioses eran los responsables de los fenómenos naturales: el mar, el viento, la flora, las tempestades, el fuego, y también lo eran del inframundo, el reino de los muertos. De esta manera, mediante todo un árbol genealógico de dioses, se explicaba la creación del Universo, lo que llamamos Cosmogonía.

 

También personificaban en sus dioses actividades más cotidianas: la agricultura, la caza, la medicina... Y por último y paradójicamente, sus dioses compartían las pasiones humanas, tenían sus mismas virtudes y sus defectos: así tenían un dios de la guerra, la diosa de la belleza, el dios del amor, la diosa de la justicia... y por ello los dioses incluso se enamoraban, podían ser justos y generosos, pero también mentirosos, ladrones, envidiosos, celosos, adúlteros.... Todo ese conjunto de seres y de historias de las que ellos son los protagonistas, es lo que llamamos MITOLOGÍA. Una creación del hombre para intentar explicar el mundo que le rodea; no sólo son cuentecillos vacíos, son historias que intentan explicar cosas y que tienen en muchos casos unas conclusiones o moralejas.

catasterismo

Catasterismo de Ganímedes siendo llevado al Olimpo por Júpiter transformado en águila. Óleo de Eustache Le Sueur (1650).

Unas cuantas de esas historias contadas por la mitología pasaron a las estrellas. Todas las culturas antiguas han visto reflejadas en el cielo algunas de las historias de sus dioses. Normalmente el ascenso de un ser a las estrellas (proceso denominado catasterismo) suele ser un premio, pues se sobreentiende que estar ahí arriba es dignificarse, aunque también hay algunas veces en las que se trata más bien de un castigo. El cielo se llenó de seres mitológicos.

 

Para situar esos seres en el cielo había que encontrar figuras que se les parecieran. Son las constelaciones, figuras imaginarias que los narradores antiguos veían en el cielo y que cobraban una función mitológica: recordar y conservar las historias de su civilización, contarlas de padres a hijos, y poder leerlas en un lugar seguro e inmutable: el cielo. De esta manera sus creencias estaban visibles para todo el mundo, cada noche, y por los siglos de los siglos.

El gran astrónomo del siglo II, Claudio Ptolomeo, nos dejó señaladas en la obra magna que hoy conocemos como el Almagesto, un total de 48 constelaciones que recogían la herencia mitológica grecorromana. Hoy tenemos, desde que el belga Eugene Delporte las oficializó por encargo de la Unión Astronómica Internacional en 1930, un total de 88 constelaciones que cubren toda la esfera celeste, y por lo tanto no siendo todas ellas originadas en la mitología clásica.

Desde antiguo la humanidad encontró en el cielo unos astros muy especiales: había unos cuantos, cinco en concreto, que además de brillar bastante y con un brillo variable, no estaban quietos en la esfera celeste: pasaban de una constelación a otra. Si tenían la “libertad” para moverse que no  tenían las estrellas, debían ser poderosos y libres: serían dioses. Esos dioses al parecer eran vagabundos entre las estrellas, errantes, o como se dice en griego: “PLANETAS”.

 

Un ejemplo de su presencia en nuestros días lo tenemos en cómo denominamos todavía hoy y en muchos idiomas a los días de la semana, con nomenclaturas basadas en los nombres romanos del Sol, la Luna y esos astros errantes que son visibles a siempre vista, a su vez nominados en honor a diversos dioses romanos (Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno).

Mosaico de la Casa del Planetario

Mosaico de la Casa del Planetario (Itálica, Sevilla), mostrando los dioses asignados a cada día de la semana

Las Osas Mayor y Menor

Las Osas Mayor y Menor, cercanas en el cielo (Stellarium)

 

Contaremos el mito de Júpiter y Calisto porque está asociado a siete estrellas (asterismo de “El Carro”) que casi todo el mundo es capaz de reconocer en el cielo y que es sólo una parte de la constelación de la Osa Mayor. Calisto era una joven perteneciente al séquito de la diosa de la caza, Diana. Como todas las sirvientes y ayudantes de Diana, tenía voto de castidad y no podía relacionarse con hombres.

 

Pero Júpiter se enamoró perdidamente de Calisto una vez que la observó bañándose en el río, y decidió seducirla. Para ello se mimetizó bajo la forma Diana ganándose así la confianza de Calisto y consiguiendo sus propósitos. Como resultado, Calisto quedó embarazada y tuvo un hijo, llamado Arcas. A consecuencia de todo ello, Juno, esposa de Júpiter y tremendamente celosa, como castigo transformó a Calisto en osa. Años después, cuando el hijo creció y se convirtió en un joven cazador, se encontró un día con la osa y sin saber que se trataba de su madre, apuntó hacia ellas su flecha para darle muerte. En ese mismo momento Júpiter, que lo estaba viendo todo desde el Olimpo, intervino llevando a Calisto al cielo. Mucho después, una vez muerto su hijo Arcas, fue también llevado al cielo cerca de su madre (ambas constelaciones son circumpolares). Así que Calisto es la Osa Mayor y Arcas es la Osa Menor.

arcas y calisto

Arcas a punto de dar muerte a Calisto, sin saber que se trata de su propia madre transformada en Osa (Roberto de Baudoux)

 

Las constelaciones del Mito de Andrómeda

Las constelaciones del Mito de Andrómeda, juntas en la esfera celeste

Este mito nos cuenta la historia de Casiopea (la constelación en forma de “W”), reina de Etiopía, y esposa del rey Cefeo, y padres de la princesa Andrómeda. Casiopea era al parecer muy vanidosa y engreída y se le ocurrió proclamar que era más bella que cualquiera de las Nereidas, que eran las ninfas que acompañaban y servían al dios del mar, Poseidón. Las Nereidas protestaron ante Poseidón, que montó en cólera y mandó un monstruo (Cetus, la Ballena) contra las costas del país, el cual comenzó a hacer estragos.

 

Ante esta desgracia, los reyes desesperados preguntaron qué hacer a un oráculo y éste les dijo que tendrían que sacrificar su única hija al monstruo, para calmar así a Poseidón. Así pues, Andrómeda fue atada en un acantilado junto al mar para permitir que el monstruo la devorase. En el último momento aparece en la secuencia un héroe, un semidiós, Perseo, que montado en un caballo alado (Pegaso) onsigue matar al monstruo valiéndose para ello de la cabeza recién cortada de Medusa, la gorgona, que aún después de muerta sigue convirtiendo en piedra a todo aquel ser en el que se posaran sus ojos. En la esfera celeste todos los protagonistas de este mito están reunidos, pues son constelaciones muy cercanas.

Casiopea y Cefeo agradecen a Perseo

Perseo y Andrómeda (Pierre Minyar, 1679). Casiopea y Cefeo agradecen a Perseo la liberación de Andrómeda tras dar muerte a Cetus.

 

Hoy miramos al cielo con conocimientos científicos, y la ciencia lógicamente no se lleva bien con las leyendas y los mitos, que no tienen nada de científicos. Pero esas historias y leyendas del mundo antiguo, que ellos creían que estaban escritas en las estrellas, son también un hecho cultural que merece ser conocido. Al fin y al cabo son guiones que podrían inspirar películas de Hollywood.